jueves, 24 de noviembre de 2011

Carlos/horacio

Jeje, un pequeño personaje recurrente que ocupo en muchas historias y roles... y por fin quise darle vida propia, historia propia...
Aca esta el comienzo de mi unico personaje... digamos "Macabro"



Despierta….
Carlos abrió los ojos, en medio de la oscura noche. El niño tendría diez años cuando abrió los ojos, sin embargo, su mirada parece casi la de un anciano, cansado de vivir, atormentado por los fantasmas del pasado. Mas ahora no se despertaba por una pesadilla, ni por un recuerdo que malograba su presente, sino que por un ruido que provenía de un vidrio.
Despierta…
Desembrazándose de la sabana, Carlos miro alrededor, buscando la fuente del ruido. Era como si algo raspara un cristal, un vidrio, una ventana tal vez. Inspeccionando la habitación, en condiciones donde otro niño llamaría a su papa, llorando tal vez, Carlos miro alrededor, hasta escuchar de nuevo el ruido, viniendo desde el espejo. Apenas con su pijama de osos, Carlos camino hacia el espejo, entre dormido y despierto, mas el espejo le mostraba una imagen vivaz, con una alegría que casi resultaba perturbadora, una alegría que se dibujaba en su sonrisa, en sus ojos, como si estuviera alegre… terroríficamente alegre.
Carlos suspiro, mirando extrañado al espejo, como si notara algo raro… tal vez el paisaje de fondo del espejo, unos bosques, que no correspondían con su habitación, o tal vez que su reflejo del espejo no suspirara, sino que siguiera sonriendo, y alzara la mano para raspar una vez más la ventana
Abre
Carlos le sonrió a la imagen de la ventana, una sonrisa no aterradoramente alegre, sino más bien triste, como una sonrisa que no quiere ser sonrisa
-Hola, Horacio- Dijo el niño, susurrándole. El reflejo se paso la lengua por los afilados dientes
Abre Carlos.
Carlos abrió la ventana, para que Horacio cruzara la habitación. Horacio alzo vuelo por la ventana, inspeccionó alrededor,  sonriendo todavía, y luego miro a Carlos una vez más.
Hoy vamos a Matarlo a Él.
-¿Por qué él?- Pregunto Carlos, protestando, no quería matar de nuevo, Horacio lo había obligado tantas veces, que ya no era divertido, sin embargo, Horacio no escuchaba razones, siempre tenía que obedecerlo, siempre tenía que pagar su deuda… y siempre Horacio respondía con el mismo argumento
Me lo debes… O lo haces tú, o lo hago yo.
Carlos ahogo un grito, mientras Horacio le imponía una visión de un futuro, un futuro donde Horacio caminaba, cuchillo en mano a la habitación de sus padres, donde su sonrisa  seguía siendo tan afilada como perturbadora, sus ojos, abiertos de la excitación. Abría la puerta de los padres, y se deslizaba hacia donde estaba durmiendo. Alzaba el cuchillo, y le ponía la palma en la Mano a Papa…
La sangre corría sobre el cuchillo, sobre la cara de Horacio, sobre la sonrisa, sobre el pijama de osos que ambos compartían… todo rojo… todo deliciosamente rojo…
La sonrisa del niño, diabólica, felizmente diabólica ahora que había probado la sangre, mientras deslizaba la gasolina por los rincones de la casa, prendía un fosforo, y ponía a cocinar el cuerpo, el dulce aroma le producía varias cosas, felicidad, plenitud, alegría… pero sobretodo: Hambre
La visión termino, tan súbitamente como empezó. Y Carlos trago saliva dos veces.
Ya sabes… lo haces tú, o lo hago yo.
Carlos miro a Horacio, del mismo porte del,  el mismo pijama de osos,  solo cambiaba la sonrisa perturbadora, y  sus ojos, felices, alegres, terriblemente alegres por compartir los deseos y mandatos con Carlos, su Súbdito. Si... Carlos no tenía más opción que obedecer...
El niño caminaba, cuchillo en mano, por el pasillo de la casa. La habitación enfrente de él donde dormía su padre, ya viudo,  estaba cerrada sin pestillo. El miro al aire, como pidiendo permiso, y luego cerró los ojos, como si no quisiera verlo que hacía, miro a su padre, dormido en un sueño intranquilo, pero su progenitor, pareció darse cuenta de la mirada, por lo que abrió los ojos levemente, mirando a su hijo, al lado suyo, sin ver el brillo del cuchillo
-¿Horacio?... ¿Qué haces despierto a esta hora?
El niño ahogo un grito, y luego cogió el cuello de su padre, con una furia inhumana en sus tiernas manos
-SOY CARLOS- >Grito, clavándole el cuchillo, y luego siguió gritando, clavando el cuchillo una y otra vez, gritando-SOY CARLOS, CARLOS, CARLOS-el cuerpo ya estaba muerto, pero el niño seguía clavando el cuchillo en el cuerpo de su padre, llorando, gritando solo para convencerse a si mismo
-Soy Carlos… Carlos… Carlos…- Mas nadie ya lo escuchaba, sozollando, fue al baño, y se miro en el espejo, su reflejo le devolvía una mirada sangrienta, una cara empapada de sangre, y una sonrisa diabólica, solo entonces se reconoció: Era Horacio…

1 comentario:

  1. Vaguito, me encanta tu historia, nunca he visto nada parecido :O cada día me sorprendes más :) sigue así chaval :)
    pd: no te molesta que te llame Vaguito no?? hahah es de forma cariñosa :)

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